En caída libre

En caída libre

Miguel Ángel Baixauli

 

            1.

En un texto llamado En caída libre. Un experimento mental sobre la perspectiva vertical, Hito Steyerl analiza la construcción moderna de los modos normativos de visualidad y la manera en que, en el presente, estos modos se hacen añicos por las transformaciones tecnológicas de lo visual.

Steyerl comienza analizando la construcción occidental de la perspectiva lineal como matriz de los paradigmas ópticos que definen la modernidad capitalista y su colonialismo globalizador. La perspectiva lineal se basa en la construcción de un horizonte estable donde todos los planos convergen, en una visión monocular que ignora la curvatura de la tierra y construye un “espectador inmóvil con un solo ojo”, como dice Steyerl utilizando a Panofsky. Este espacio definido por la perspectiva lineal es una abstracción que no se corresponde con ninguna percepción real, pero que decreta que ese espacio normativo es la realidad. La realidad construida por este sujeto descorporeizado de la visualidad normativa se corresponde, entonces, con el horizonte de una linearidad supuesta para el tiempo histórico del “progreso” (occidental, moderno y colonial).

En las pinturas de Guesdon vemos, sin embargo, que el horizonte se difumina y la curvatura de la tierra se hace perceptible. Estas pinturas parecen estar a medio camino entre una perspectiva lineal alterada y la perspectiva vertical de construcción de planos y mapas, el otro estándar de representación visual del espacio. ¿Viajaba Guesdon en un globo o pintó a partir de un plano de la ciudad? Parece que la segunda opción es la correcta, como muestran Helena de las Heras y David Estal en su investigación.

En cualquier caso, la perspectiva vertical no cumple solamente una función representativa. Esta verticalidad perspectiva es también la verticalidad de la Historia, esa narrativa universalista del paradigma moderno occidental y colonial. Dicho paradigma concibe un tiempo histórico lineal y progresivo que se proyecta sobre los espacios reales y marca a ciertos pueblos como “otros”, salvajes o bárbaros por civilizar. También la función pragmática de la guerra está involucrada, sobre todo a partir de la irrupción de la aviación militar y sus bombardeos masivos o selectivos, que inscriben verticalmente la historia de la dominación en la carne de los espacios y las vidas.

Las máquinas de visión han sido siempre, también, máquinas de guerra. Los drones, las cámaras de vigilancia, el control por satélite, los videojuegos y Google Maps construyen la visualidad vertical del poder, inventando en primer lugar las tecnologías que seleccionan y determinan las perspectivas.

La perspectiva descolonial emerge para romper la linearidad y verticalidad de la Historia, propias de la Modernidad-Colonialidad y su occidentalización del mundo, y plantea una ruptura epistémica con toda su herencia de conocimiento y de poder.  Los “diseños globales” de la occidentalización del mundo se fragmentan así en una multiplicidad de “historias locales” (Walter Mignolo), en una red de temporalidades múltiples y singularidades heterogéneas en permanente diálogo y conflicto. Pero esta perspectiva tiene que enfrentarse a la “soberanía vertical 3D”, el actual paradigma de la arquitectura política global según Eyal Weizman.

2.

Con el cine, dice entonces Steyerl, el principio del montaje “deviene un dispositivo perfecto para desestabilizar la perspectiva del observador y quebrar el tiempo lineal”.

A partir de esta capacidad de desestabilización del cine empecé a plantear el experimento mental del video para la exposición. Entendí pronto que ese experimento debía hacerlo junto a mi hijo, pues el cambio epocal entre él y yo es tan radical como el que existe entre la visualidad de las pinturas de Guesdon y su réplica en Google Maps.

Con la digitalización radical del mundo, la psicopolítica contemporánea inaugura la época de la reproductibilidad psíquica. El cerebro es la pantalla, llegó a decir Deleuze. Que la cámara es el ojo lo sabemos desde Dziga Vertov.  Ahora bien, ¿qué ojo? Precisamente un ojo no humano.

La multiplicación exponencial de las pantallas y de las cámaras no solamente transmuta nuestro pensamiento, sino nuestro cerebro mismo (neuroplasticidad). El biopoder cibernético del capitalismo terminal conforma una producción algorítmica de subjetividad que nos enfrenta al colapso mental inminente, al delirio del control total, a la optimización permanente de los cuerpos en plena invasión tecnológica. Este delirio extremo del capital y su devenir-imagen nos han empujado ya, en caída libre, al abismo de una auténtica mutación antropológica.

Vivimos en el caosmos de la imagen-flujo, de la imagen-proceso: cuerpos que se transforman continuamente en imágenes e imágenes que devienen cuerpos. El panóptico digital y la biotecnología invasiva nos exigen cada vez más visibilidad, más transparencia, más rendimiento y resolución. La opacidad queda del lado del deep capital. Cuanto mayor es el capital acumulado, mayor resolución en la imagen, mayor circulación y rendimiento de las imágenes y sus marcas.

Las ciudades mismas no son ya lugares, sino conglomerados de imágenes y de marcas en alta definición, colecciones de huellas, de ruinas y de nuevas tecnologías.

Otro texto fascinante de Hito Steyerl: En defensa de la imagen pobre.

La imagen de baja resolución como estrategia estética y política consciente.

Curioso que otro gran ensayista alemán, Byung-Chul Han, sea también de origen asiático.

Nuestra cultura de la vigilancia está basada en el control remoto y la intensificación de “una guerra de clases radicalizada desde arriba”, como dice Steyerl, “una panorámica que nos permite apreciar con nitidez las asombrosas desigualdades sociales”.

La era de la vigilancia es multifocal y no lineal. La multiplicación de las pantallas, las cámaras, las perspectivas y los modos de representación nos hace vivir en un presente de “caída libre”, y el “lugar al que descendemos ni tiene fundamentos ni es ya estable”.

 

En caída libre

(Video HDV, 8 min, color)

Hoja de sala

 

Cuanto mayor es el capital acumulado, mayor resolución en la imagen, mayor circulación y rendimiento de las imágenes y sus marcas.

 

Las ciudades mismas no son ya lugares, sino conglomerados de imágenes y de marcas en alta definición, colecciones de huellas, de ruinas y de nuevas tecnologías.

 

Un texto de Hito Steyerl: En defensa de la imagen pobre.

 

La imagen de baja resolución como estrategia estética y política consciente.

 

Con la digitalización integral del mundo, la psicopolítica contemporánea inaugura la época de la reproductibilidad psíquica. El cerebro es la pantalla, llegó a decir Deleuze. La multiplicación exponencial de las pantallas y de las cámaras no solamente transmuta nuestro pensamiento y nuestros gestos, sino nuestro cerebro mismo (neuroplasticidad).

 

Vivimos en el caosmos de la imagen-flujo, de la imagen-proceso: cuerpos que se transforman continuamente en imágenes e imágenes que devienen cuerpos.  Este delirio extremo del capital y su devenir-imagen nos han empujado ya, en caída libre, al abismo de una auténtica mutación antropológica.

 

Otro texto de Hito Steyerl: En caída libre. Un experimento mental sobre la perspectiva vertical. Nuestra actual cultura de la vigilancia está basada en el control remoto y la intensificación de “una guerra de clases radicalizada desde arriba”, como dice Steyerl.

 

El espacio definido por la perspectiva lineal es una abstracción que no se corresponde con ninguna percepción real, pero que decreta que ese espacio normativo es la realidad. En las pinturas de Guesdon el horizonte se difumina y la curvatura de la tierra se hace perceptible. Estas pinturas parecen estar a medio camino entre una perspectiva lineal alterada y la perspectiva vertical de construcción de planos y mapas, el otro estándar de representación visual del espacio.

 

¿Viajaba Guesdon en un globo o pintó a partir de un plano de la ciudad?

 

Los drones, las cámaras de vigilancia, el control por satélite, los videojuegos y Google Maps construyen la visualidad vertical del poder, inventando en primer lugar las tecnologías que seleccionan y determinan las perspectivas. Las máquinas de visión han sido siempre, también, máquinas de guerra.

 

La era de la vigilancia es multifocal y no lineal. La multiplicación de las pantallas, las cámaras, las perspectivas y los modos de representación nos hace vivir en un presente de “caída libre”, como dice Steyerl, y el “lugar al que descendemos ni tiene fundamentos ni es ya estable”.

 

 

 

 

 

 


Autor

Miguel Ángel Baixauli

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